viernes, enero 21, 2005

¿Y ahora qué?

Después de 25 siglos de intentar responder a la pregunta fundamental, sólo hemos chocado con un muro de silencio. "Mejor callar". No podemos decir nada y lo que hemos dicho ha provocado más confusión.

Algunos rozaron una infinitésima parte del misterio, pero el lenguaje les traicionó, cosificó la experiencia y pensaron que pensar les permtía atrapar sus demonios, encerrarlos para que no pudieran gritarnos la verdad.

La verdad es Nada.

E intentamos construir a través de una falacia una identidad que no tenemos. Sólo somos un espejo donde se refleja el mundo y creemos que ese reflejo son nuestros pensamientos. El amontonamiento de reflejos nos hace creer en un yo, que no es el verdadero, y nos hace olvidar lo que somos, mucho más de lo que creemos.

¿Hay un camino? Quizás Oriente, que desde hace mucho tiempo ha introducido la nada en su misma esencia, la ha mirado a la cara y ha sonreído.